viernes, 18 de enero de 2013

Unión

No solíamos intercambiar palabras, solo coexistíamos en instantes.
Aún entre tantas charlas, innumerables vocablos que escapaban de nuestros labios… Tantas bromas, juegos, así como sílabas colmadas de seriedad; Tantas angustias, penas y arrebatos de alegría.
Allí estábamos los dos y creíamos compartir.
Más en realidad y si se lo observaba con detenimiento y la visión adecuada, muchas veces, juntos, nos encontrábamos solos.
Y nuestras oraciones cristalizadas en sonidos no eran otra cosa más que el habla conjugada con uno mismo.
Tanta saliva desperdiciada en inventar realidades mentales que velaban nuestra visión y la posibilidad de una real conexión.
Tantas miradas desencontradas entre las que los pensamientos se hallaban, colmándonos del desazón de la monotonía de solo repetir ideas propias para contrastarlas nuestro ser a través del otro, creyendo oírle.

Éramos breves pantomimas de lo que se suscitaba en nuestras cabezas...

Pero y aun así... En aquellos escasos momentos donde apaciguábamos nuestros pensares, y nos dedicábamos a hacernos compañía y nada más.
Cuando sentíamos nuestras energías abrazarse aún en la distancia y nuestras almas se colmaban de la paz del encuentro entre dos seres luminosos...
Éramos amor.
De ese amor puro que es imposible de pensar en un plano distinto al álmico.

Milésimas de segundo conectados con la eternidad.

Eso era lo que nos unía.

El resto existía por añadidura.