Hay ciertas cuestiones que simplemente no requieren
ser puestas en palabras o volverse objeto de conceptualizaciones abstractas.
Las hay y
cuando ellas se manifiestan, lo más lógico es limitarnos a tomarlas como son,
simple y naturalmente.
No obstante,
y en un vuelco a palabras vital para quien no desea olvidarse de ellas, es que
escribo que…
Hay días, momentos, segundos, donde nos sumimos en
un estado de no-pensamiento y pulsamos amor.
Y ahí es
cuando se corren los velos, el tiempo deja de responder a sistemas horarios y
pasa ser un continuo de inmensa y pacífica felicidad.
Una
alegría que no está envuelta en el intento, sino que tan solo es y se desarrolla
perfecta en una armonía tal que cualquier negatividad se esfuma.
Todas aquella
vez que se haya fallado yendo en búsqueda de dicho estado de evapora de nuestra
mente. No ha existido. No supo integrarse a la realidad del cosmos, y
estuvo bien que así fuera.
Todo se
sintoniza, y fluye, y se potencia cuando podes reconocerlo también en los
tuyos.
La verdad
es esa. La plenitud. El resto, vibraciones diversas que debemos aprender a
acoplar a nuestro campo de recepción de datos como parte de la experiencia
físico-humana que el ser espiritual que somos ha decidido venir a vivir.
Aprendiendo
a involucrarnos con el personaje sólo lo suficiente como para evolucionar,
crecer y amar cada vez más profundamente.
Re-educándonos
hasta comprender que lo demás eran mentiras, invenciones limitantes que nos
fueron inculcando desde las formas más sutiles hasta las obvias y que cada
tanto, en atisbos, cuando las observamos con la mirada algo más limpia, nos
resultan en demasía falaces.
Comprenderlo
aunque sea por un instante y no continuar yendo hasta el objetivo último de
mantenerse en el estado real, debería considerarse locura.
Ahora
sentate, mirame a los ojos y decime ¿Qué es lo que querés?
Es acaso
caminar como cada día, con peso en tu pecho, dolor y desintonización constante, sin
rumbo, en la oscuridad de un ego descontrolado…
¿O deseás
sentirte como en esos minutos donde fuiste realmente tu esencia? Y esa esencia
brilló y se expandió iluminando aún más las miradas de quienes conectaban con
vos.
Si
pudieras elegir entre los dos caminos ¿Por cuál te dirigirías?
Yo te
digo que sí se puede seguir un rumbo que te lleve hacia ello. Y sólo depende de vos.