lunes, 19 de junio de 2017

Creces incluso cuando piensas que te estancas. Retazos de un reconectar.

En búsqueda de la claridad se topó con una copiosa cantidad de sombras. Cada una de ellas se le aparecía con formas diferentes, aunque en principio reverenciales, expectantes de lo que fuera a intentar hacer con ellas. Algunas se agitaban cuando ella las iluminaba, otras buscaban devorarla y había las cuales simplemente se abandonaban a la tempestuosa luz del autoconocimiento.

Aunque avanzaba a tientas, a veces por completo ciega, siempre contaba con la guía del buscador interno. Él le susurraba a su inconsciente por donde debía de avanzar y con qué velocidad retroceder para tropezar de manera, si se quiere, más afable.

Aun cuando podía sentirse sola por momentos, incluso en aquellos instantes donde toda la fe se esfumaba como si hubiera sido únicamente una imagen onírica, un espejismo, algo en ella pulsaba continuar.

Continúa, pequeño ser tridimensional. La esencia universal que habita en ti no te dejará caer. Y si caes, será sólo cuando sea preciso para que te encuentres con otros mundos, colisiones con galaxias alternas y de allí puedas enriquecerte un poco más. 
No temas, déjate ser humana, déjate ser finita y también eterna.
Eres gobernada por fuerzas que pugnan hacia tu evolución. 
Incluso aquello que te agobia, que te roba el sueño y agita tu sensible corazón está allí para ayudarte. Para despertarte. Para guarnecerte de herramientas. 

“Por momentos me desconecto”, le contaba en confidencia ella a su ángel, su guía, su yo superior. “Y en esos instantes me embarga una desesperanza tan amarga que temo perderme y jamás reencontrarme”.
Su ser alterno sonreía al escucharla, y le abrazaba de manera físicamente imperceptible, infundiéndole fuerzas para que no se rindiese y le recordaba a su subconsciente, aquel que ella entendía aún guardaba lazos con la fuente, incluso en la más profunda desconexión, que ello era necesario.

¿Cómo serías capaz de desear volver a la unión, si no te has alejado de ella? Si no anhelas su regreso, si no experimentas el desasosiego que nace en el pecho cuando tu visión se nubla tanto ya no te sientes acompañada, cuando suprimes en tu cabeza la realidad fáctica de que todo sucede por un motivo y el constante, incesante cambio, es un ciclo para tu crecimiento…
Necesitas recordarlo y ansiarlo, para buscarlo con real vehemencia. 
Necesitas dejar de sentirlo y extraviarte lo más que se pueda para así comprender en esa confusión qué es lo verdaderamente importante, lo que te nutrirá y elevará.
Todo es parte de un mismo todo. De un mismo plan.
Lo que te sucede ahora es perfecto, lo que ha sucedido y sucederá también.
Nada más lejos de la realidad que descreer del arbitrio universal.
Así que déjate colmar de dudas, de sentimientos asfixiantes, de locura, de desasosiego. Permítete flaquear y ser humana, tan humana que te duela cada centímetro de los huesos. Tan mortal que te percibas ínfima.
Y así resurgirás cual fénix y comprenderás lo alejado que se encontraba dicho sentir de la realidad.
Y qué es lo que colorea tus dibujos internos de dicha y alborozo trascendental.

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Ahora, respira con calma, siente cuan profunda y mágica resulta esa inhalación, como se colman de vida tus pulmones cuando se llenan de los componentes que el mundo que habitas en esta vida te regala para que puedas encontrarte en él. Cierra los ojos y percibe la perfecta armonía del ser.

Observa los fantasmas de tu mente desaparecer cuando te focalizas en el aire que te inunda.
Entrégate al planeta en esa exhalación que luego, de manera inevitable has de regalarle, en una transmutación de componentes que es retroalimenta el círculo de la vida.

Estírate, retráete, percíbete, envuélvete.

¿Qué hay más perfecto que tú? 

Te estás equilibrando, incluso sin buscarlo de manera consciente.

Estás regresando.

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Te amo a ti y a cada eslabón y reflejo de esta increíblemente bella locura que denominamos vivir.

Agradezco lo que sea que me brindes, aun cuando las limitaciones de mi mente formateada, condicionada, no me permitan ver, en el momento, que incluso si lo que me das me lastima, es lo que necesito para poder sanar lo que ya está dañado y así expandirme.

Cada ser es mi reflejo, y yo también soy su espejo, en este baile cósmico de reconocernos al desconocernos. 

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Solo sé.