miércoles, 13 de noviembre de 2013

Dicotomía.



Dicotomía.
Esa es la palabra exacta que expresa aquello en lo que me sumerjo de forma consciente.

Alzo la cabeza, y observo sobre el oleaje de vivencias y sentires que mese mi cuerpo.
La luna, brillante, me devuelve la mirada serena desde su posición, surcada por nubes que, de tanto en tanto, deciden albergarla y brindarle un pasajero escondite.
Le sonrío a la antigua compañera de las almas humanas… y decido cerrar los ojos.

Coloco las palmas sobre mi pecho, percibiendo los latidos de mi corazón, aquellos que permiten a mi ser continuar en esta existencia tan efímera.
Y trago saliva al dar cuenta de mi estado.
La vulnerabilidad de aquel ser que decide atestiguarse replegado en lo que su interior le dicta.
Y aceptarse así.

En dicotomía.

Entreabro mis párpados y se ha hecho de día.
El fulgor del sol encandila mis pupilas que se enceguecen en su brillo y se vuelven incapaces de comprender qué hay a mi alrededor.
Más aun así continúo el trayecto, confiando en el instinto que permite ver más allá de los ojos.
Vuelvo al ritmo, rutina, tiempo, espacio, movimiento.
Me olvido un poco de todo.

Aunque todo siga allí.

Dicotomía, es. Y será.

martes, 3 de septiembre de 2013

El ave y el lago



El ave se vio reflejada a la orilla del lago al cual tantas veces había arribado para observarse, quizá y con cierto temor de descubrirse, sin animarse a capturar con su mirada más allá de lo que de forma superficial pudiere avistar, con la profundidad de sus pequeños ojos entrecerrada.

A pesar de haber repetido aquella escena durante meses, de manera inconciente, aún no entendía ni reconocía que le resultare tan complejo permitirse verse en completitud.

Quizá y fuere el, a su parecer, excesivo brillo en el agua, causado por los rayos solares al pegar en la superficie, se decía si esa pregunta aparecía, que impedía se visualizare sin sentir dolor.

O tal vez, pensó en ese momento, lo cual jamás había sospesado, el miedo a reconocerse en esa pequeña figura desdibujada, al poder percibir sus contornos y formas, ellos con los que había convivido durante tanto tiempo. En el fondo temiéndose tan solo a sí.

Entre aquellas sugerencias realizadas por sus propios pensares, el ave se sintió irritar.

“¿Yo? ¿Temerme? Si he estado conmigo desde que tengo memoria.
Si siempre he lidiado con mi ser como un guerrero.
¿Porqué habría de tener miedo?
No sé lo que es eso de temer.”

Con aquellas ideas latentes, el ave se acercó a aquel espejo de agua a saltitos, notando como su reflejo se expandía.

Sin notar que aún y no podía levantar del todo su mirada, para verse.

Sintió sed y hundió su pico en el agua para beber de ella.

Súbitamente, por su imagen se dibujó el pequeño oleaje que ella misma había creado, y así se observó, borrosa, como cada día lo hacía, y se gustó.

¡Nunca tuve miedo! –trinó tras verse, alegre, la pequeña avecilla tras observarse en las olas antes de girar sobre sí en un salto para adentrarse en el bosque una vez más.
Y allí fue cuando le oyó.

Aquella voz profunda y grave calmó todo vestigio de euforia en sí cuando dijo.

“Te mientes.”

“¿Quién está allí?” Replicó el ave, no sin cierta incertidumbre, buscando a su alrededor, curiosa. Sin poder encontrar rastro de otro ser.

“Te contentas con reconocerte a medias, ¿Es que no te intriga acaso saber, verdaderamente, cómo eres?”

El ave se sintió invadida, de pronto, y dio un salto hacia atrás, buscando de dónde provenía esa voz no sin cierta desconfianza ya que pertenecía a alguien que, al parecer, le había estado observando.

“No le responderé a una voz, sea quien sea que esté ahí, que salga, que se muestre” trinó.

Un conjunto de arbustos comenzó a moverse ante su pedido, y de entre ellos emergió un bellísimo pájaro azul, de dimensiones similares a las suyas, cuyo plumaje brillante y la belleza de sus ojos negros le dejó sorprendida. 

Tanta fuerza había en su mirada, tanta armonía le suscitaba.

No pudo decir más.

El ave azul se le acercó lentamente, hasta posicionarse frente a su ser. Escrutándola con la mirada.

“Te sorprendes de mis brillantes colores, más no puedes hacer lo mismo con los tuyos.” Repuso, rodeándole en pequeños pasos “¿Por qué no te entregas a la contemplación de la belleza de tu ser y te permites entregarla al mundo reconociéndola, antes de huir de ella y preferir admirar otras figuras?”

“Me he visto” Repuso el ave cual respuesta “Cada día, cuando bebo agua, me observo, cada día y así me examino, me conozco, me reconozco”.

“Si es así, descríbete, describe tu plumaje cuando se extiende, cómo sus tonalidades cambian cuando la luz solar y lunar dan sobre él, cuál es su color, su textura, qué es lo único en él, y qué efecto puede causar su descubrir en el mundo que te rodea, más allá de este bosque. Cuál es el objeto de que ello sea como es. Y entonces dime el porqué de tu ser y sus formas, de las cuales aún no te haces cargo.”

Enmudeciendo por un instante, repasó cada una de las partes de la descripción del ave azul y dio cuenta, a medida que pensaba, que pocas de aquellas cuestiones verdaderamente podía responder.

Si toda la vida había vivido perdida, sin reconocerse de forma completa, creyendo que era aquello que no, por evitar verse frente a frente y saberse una realidad distinta a la que siempre había percibido como propia y esencial.

¿Qué podía quedar entonces? 

¿Vivir de la mentira creada por su mente cada vez que tenía la oportunidad de visualizar lo que le era intrínseco?

"Yo... yo no sé." Admitió entonces la pequeña ave. "Me confundes con tus palabras," 

"No son mis vocablos lo importante aquí" inquirió aquella aparición azul que de pronto y había, con solo proferir algunas palabras, desmoronado gran parte de sus estructuras. "Lo de verdadera importancia aquí, es que te observes, te animes a conocerte".

"Pero ¿Qué hay con lo que ya conozco? ¿Con todas esas cosas que vivo día a día? ¿Con la vida que llevo ?"

"Seguirán, quizá, como hasta hoy, o cambiarán, tal vez, desde el momento que tomes conciencia de todo lo que eres capaz de brindar al saberte ser quien eres. Nunca lo sabrás en verdad hasta que lo intentes."

"Es casi un acertijo..."

"En realidad no" Contestó con diligencia el ave azul mientras se le arrimaba para colocar una de sus alas en su espalda. "Es muy sencillo, solo debes dar un paso, deja que del resto se encargue el juego de la vida, solo se".

El ave asintió, si bien conservaba aquel temor que desde un principio había guardado en su pecho, algo le decía que dejar de huírle a la verdad subyacente a lo que creía conocer de sí, sería la mejor desición.

Y así fue como, guiada por el ave azul regresó a donde las aguas en las que jamás se había mirado de frente.

Y alzó su vista a la luz de sus indicaciones, sintiendo como un helado escalofrío le recorría al hacer contacto, poco a poco, consigo. 

Y como entonces una sensación de paz y alegría le consumío.

Ya no era el manchón violáceo entremezclado con verde que de tanto en tanto saciaba su sed en el estanque.

Era conciente de su realidad de ave, en todas sus dimensiones, el color de su plumaje, y sus posibilidades como ser.

Ahora, solo debía hacerse cargo de lo que su visión le había permitido comprender.

Ahora, solo restaba volar. 



martes, 16 de julio de 2013

La belleza de lo simple.


Despertarse tempranito,
ver la luz del sol entrando por la ventana,
escuchar el silencio,
sentirse viva,
prender un sahumerio,
meditar, después de días sin haberlo hecho,
poner música tranquila,
disfrutarse.

Ver a los ojos a tu mascota,
brindarle una caricia,
 darle un paseo por el parque,
así, espontánea,
bordeando el lago,
saboreando el aroma a hierba fresca,
a rocío.

Cruzarse con un señor que cuenta de su labrador,
y de un simpático rottweiler que una vez se encontró
que se llamaba “Orco",
despedirse.

Seguir los pasos,
hablar con una chica que lee a Vargas Llosa,
y que tiene un coker de once años,
sonreírse,
desearse suerte.

Volver.

Proponerse no dejar más las cosas para después.
Tomar el subterráneo.
Cruzar la mirada con unos dulces ojos claros.
Caminar por las callecitas del centro,
y por esa Corrientes tan populosa:
de un lado a otro ver pasar personas,
apuradas,
p a s e a n d o,
yendo a trabajar,
conociendo.

Escuchar decir a una mujer “que lindo día”
Dar cuenta de la temperatura,
el cielo despejado,
comprender que sí, es un día hermoso.

Hacer una de esas tantas cosas que te debías.

Sonreír.

 <
Las cosas simples son las más grandiosas.

domingo, 2 de junio de 2013

Estructuras



La vida transcurre en sus vicisitudes y complexiones sin parámetros que se puedan fijar, ella ES, y en su totalidad un infinito conjunto de sucesos que se encadenan hasta conformar redes diversas e inimaginables por la mente humana en toda su escala.

Es preciso dar cuenta que, aun cuando cuánticamente el observador influye en el suceso, por lo cual siempre seremos sujetos activos en lo que nos sucede, vivenciamos cada segundo a través de nuestras estructuras. La objetividad es una forma de ver que resulta cuasi imposible para nuestra raza, al fin y al cabo... ¿Quién ha de vivir la vida como ella se plantea en completitud sin dejarle margen al papel que juega su propio pensamiento en interpretarla? (¿Y hasta qué punto ella sería una verdadera aventura de poder abstraernos de tal manera? De ese juego mental que hacemos al colocarnos, cual película en el papel de protagonista vivenciante, aunque nos tratemos tan solo de un personaje del rodaje).

Innumerables puntos de visión pueden encuadrar diversas cuestiones/situaciones/vivencias. Conmueve tan solo pensarlo, lo increíble de que cada ser sea único en todo sentido, incluyendo el cómo experimenta la realidad adueñándose de una porción de ella para volverla SU realidad.


Cuantas veces la incógnita de cómo sería ver el mundo con otros ojos fue parte de mí…
Y aún lo es, ciertamente.

Juego por ello con mis visiones cada día haciendo un intercambio a nivel micro de pensamientos, modos de ver, de ser. Siento verdadero placer en permitirme ver a través de distintos cristales la luz que cae sobre nosotros.

Hay tantas posibilidades…


Tan solo abandonar por un instante los pensares más cercanos, los argumentos que esgrime nuestro raciocinio con cada paso que damos, y permitirse rotar unos grados… Y ellas se hacen presentes.
Liberarse de las presiones que ejerce el personaje que construimos para nosotros consiente u inconscientemente a lo largo de nuestras vidas... Y permitirle al ser, ser como él lo desee, o como nosotros sugiramos de forma espontánea, sin presionarlo a mantenerse entre las limitaciones que hacen a los hábitos. Nutriéndonos de lo diferente.

Cuando hacemos eso, nos desprendemos de esas cargas tan pesadas que nos permitimos tener (toda problemática en nuestra cabeza se vuelve de ésta forma porque uno deja que así suceda) y vamos liberándonos, progresivamente, de toda atadura.

Comprendiendo que ninguna cuestión negativa lo es tanto si nosotros no nos disponemos de forma tal ante ella como para que así lo represente. Y toda vivencia puede resultar positiva y un camino de evolución y aprendizaje si así nos predisponemos a vivirla.

Todo se encuentra en la mente.

martes, 30 de abril de 2013

Esencia

Verle a los ojos era como despertar de un sueño. Sus calmadas iris retrataban dentro de ellas el reflejo de aquel yo del que había tomado posesión hacía tanto tiempo ya, y solo al devolver aquella imagen, como lo que era, no así como lo pensara, todo a mi alrededor comenzaba a desintegrarse, una vez más.
Me constituía a mi modo. Todas edificaciones abstractas para rodear mi esencia. Cúmulos de cuestiones efímeras que al unirse conformaban aquello que sentía me representaba, cuando, en sí, no se trataba más que de mera temporalidad.
Y él lo sabía.
Su habilidad intrínseca, regresarme a aquella sapiencia profunda, sin tan siquiera buscarlo, tan solo con brindarme su compañía.
“Si escapáramos a las máscaras ¿Qué sucedería?...”
Su sonrisa, como una tibia caricia, era la evocación de aquel principio eterno que nos colmaba, que éramos y seríamos, sucediere en ese plano lo que sucediere.
Jugábamos, tan solo.
Éramos niños cuando reíamos y dejábamos aquellos sonidos con significación lingüística escaparan en nuestros hálitos.
De aquellos cuya trascendencia era tan intensa como peculiar.
Una única conexión.
Descubiertos como especímenes de la raza que llamábamos humana, solo en aquella circunstancia.
Nos reconocíamos como esencia.
Nombres... Formas de adecuar la memoria a rostros... Imágenes, manifestación externa de lo minúsculo en lo absoluto.
Relatividades que nos rodeaban, pero incapaces de separarnos, parecían esfumarse aún aunque se mantuvieren allí por designio del universo.
Imposible descripción de aquellos instantes,
No eran instantes.
Era la perfecta coexistencia de lo fugaz con lo infinito.

Liberarse de los atavíos, esos a los que confundimos con la realidad de nuestro ser, es aprender a vivir.


Transitar por esta vida es nutrirse, día a día, experimentar, crecer, evolucionar.

Y dar cuenta, poco a poco, y sin abatimiento, de que tanto tiempo ya llevamos en este camino... Que el temor carece de fundamento alguno.

Y que sí ¡Estamos más cerca de nuestro verdadero destino!

Y ¡En esta ocasión estamos tan despiertos como para dar cuenta de ello!

¿No deberíamos sentirnos aliviados?

Tanta carga a nuestras espaldas... Tanta negatividad infundada.

Borrá esa mueca de dolor, la expresión de disgusto que llevás desde hace unas horas o unos momentos...

Sonreí.

Agradecé esta posibilidad única que es, hoy, estar donde sea que estés.

Es maravilloso.



L u z.


Esa palabra nos define más que ninguna otra.



In Lakesh.

viernes, 18 de enero de 2013

Unión

No solíamos intercambiar palabras, solo coexistíamos en instantes.
Aún entre tantas charlas, innumerables vocablos que escapaban de nuestros labios… Tantas bromas, juegos, así como sílabas colmadas de seriedad; Tantas angustias, penas y arrebatos de alegría.
Allí estábamos los dos y creíamos compartir.
Más en realidad y si se lo observaba con detenimiento y la visión adecuada, muchas veces, juntos, nos encontrábamos solos.
Y nuestras oraciones cristalizadas en sonidos no eran otra cosa más que el habla conjugada con uno mismo.
Tanta saliva desperdiciada en inventar realidades mentales que velaban nuestra visión y la posibilidad de una real conexión.
Tantas miradas desencontradas entre las que los pensamientos se hallaban, colmándonos del desazón de la monotonía de solo repetir ideas propias para contrastarlas nuestro ser a través del otro, creyendo oírle.

Éramos breves pantomimas de lo que se suscitaba en nuestras cabezas...

Pero y aun así... En aquellos escasos momentos donde apaciguábamos nuestros pensares, y nos dedicábamos a hacernos compañía y nada más.
Cuando sentíamos nuestras energías abrazarse aún en la distancia y nuestras almas se colmaban de la paz del encuentro entre dos seres luminosos...
Éramos amor.
De ese amor puro que es imposible de pensar en un plano distinto al álmico.

Milésimas de segundo conectados con la eternidad.

Eso era lo que nos unía.

El resto existía por añadidura.