martes, 16 de julio de 2013
La belleza de lo simple.
Despertarse tempranito,
ver la luz del sol entrando por la ventana,
escuchar el silencio,
sentirse viva,
prender un sahumerio,
meditar, después de días sin haberlo hecho,
poner música tranquila,
disfrutarse.
Ver a los ojos a tu mascota,
brindarle una caricia,
darle un paseo por el parque,
así, espontánea,
bordeando el lago,
saboreando el aroma a hierba fresca,
a rocío.
Cruzarse con un señor que cuenta de su labrador,
y de un simpático rottweiler que una vez se encontró
que se llamaba “Orco",
despedirse.
Seguir los pasos,
hablar con una chica que lee a Vargas Llosa,
y que tiene un coker de once años,
sonreírse,
desearse suerte.
Volver.
Proponerse no dejar más las cosas para después.
Tomar el subterráneo.
Cruzar la mirada con unos dulces ojos claros.
Caminar por las callecitas del centro,
y por esa Corrientes tan populosa:
de un lado a otro ver pasar personas,
apuradas,
p a s e a n d o,
yendo a trabajar,
conociendo.
Escuchar decir a una mujer “que lindo día”
Dar cuenta de la temperatura,
el cielo despejado,
comprender que sí, es un día hermoso.
Hacer una de esas tantas cosas que te debías.
Sonreír.
< Las cosas simples son las más grandiosas.
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