Tenía casi diez años cuando te vi por primera vez. Viajamos varios kilómetros hasta una zona de campo. Cuando llegamos, y te buscamos, mamá te eligió de entre el resto de los cachorritos porque intuyó que ibas a ser una muy buena compañera (y no se equivocó). Eras tan chiquitita en ese entonces que papá te podía llevar en la palma de su mano. Viniste envuelta en una manta para bebé.
La noche del día que llegaste a casa intenté que durmieras conmigo, pero me resultaba extraño porque respirabas muy fuerte y no estaba acostumbrada. Quisimos hacerte un lugar en el lavadero pero lloraste y rasguñaste tanto la puerta que ese mismo día decidimos que no iba a haber un sólo rincón en el que no pudieras estar. Desde ese entonces, siempre dormiste en nuestros pies.
Eras hábil, abrías los picaportes de las puertas sola e ibas a donde querías. Llegabas a las camas de un salto y tuvimos que ponerte mantitas exclusivas, además de los almohadones que dejamos en lugares clave como la cocina, para que siempre estuvieras cómoda.
Igual que como había hecho papá conmigo cuando yo era una bebé de unos meses, un día te puso entre todos mis peluches y te sacó una foto con la cámara a rollo. Eras un muñeco más.
Siempre que pudimos te llevamos de vacaciones con nosotros. Una de las primeras veces viniste a Córdoba y te tiraste al río con papá. Él nadaba y vos nadabas alrededor de él, sin perderlo de vista. Ahí fue que nos dimos cuenta que eras un perro natatorio (con membranas entre los deditos de las patitas para poder nadar mejor). Un día fuimos a la casa de mi tía y te lanzaste a la pileta -fue graciosísimo, aunque ella no opinó lo mismo- ¡Sí que te gustaba el agua! Incluso chapoteabas en los charcos con ganas.
La casa se llenó del interminable sonido de las uñas de tus patitas clac clac clac clac. Y cuando llegábamos siempre nos recibías con alegría, con “wof, wof” y moviendo el rabo para todos lados. También llorabas de emoción de forma aguda y te tirabas a recibir las caricias que te dábamos.
Cuando te sacábamos a pasear con un tintineo de la cadena de la correa y un “vamos a pasear” vos ya bajabas la escalera corriendo y ladrando. Si tardábamos en ponerte el pretal nos perseguías y ladrabas. Los primeros años tironeabas con tanta fuerza y energía que solíamos decir que más que pasearte vos nos paseabas a nosotros. Con los años fuiste aminorando un poco el paso.
Te paseábamos por el parque y te quedabas mirando los patos y las palomas, sin hacer nada, salvo un día que yendo al colegio con vos le sacaste un par de plumas a una paloma y mis compañeros que lo vieron me dijeron que tenías instintos asesinos (nada más lejos de la ternura de tu realidad). En los paseos, si nos sentábamos, después de un ratito ya nos tironeabas y ladrabas, no querías quedarte quiera.
No te gustaban los otros perros, cuando se acercaban muchas veces lloriqueabas. Decíamos que te creías humana.
Con mis amigos, novios y toda la gente que nos visitaba siempre fuiste un poco tímida al comienzo y después super sociable. Todos te adoraban y no había persona que te viera y no se le escapara un ¡Que linda! Incluso de grande, con el hocico lleno de canitas, seguias siendo la más bella de las mascotas. Nunca se te fue el encanto, y para mí siempre fuiste un bebé. Un cachorrito que nos miraba concara tierna y ojitos brillantes para pedirnos comida mientras almorzábamos o cenábamos. A veces hasta nos ladrabas, nos movías el brazo con el hocico o apoyabas tu cabeza en nuestras piernas para convencernos de que nos apiadáramos de tu hambre y te diéramos toda la comida rica que siempre te dimos. ¡Tenías tus trucos! Eras un perro malcriado y siempre ligabas premio incluso cuando te portabas mal.
Siempre estuviste ahí para nosotros, la perra más fiel, bella y guardiana. La más dulce de todas, mi hermanita, mi compañía como hija única, mi peluda favorita.
Escribí esto como despedida mientras te daba las últimas caricias antes de que te vinieran a dormir y te llevaran. El adiós se completó después de que te recordara todas estas cosas leyendotelas y te diera besitos en la frente mientras te dormían. Ya estabas sufriendo mucho y por muy doloroso que fuera, no podías quedarte con nosotros.
Luchamos hasta el último momento por vos, te cuidamos y amamos como a pocos seres se los puede amar. Vas a estar eternamente en nuestros corazones y almas.
Cuki ♥ gracias por estos quince hermosos años con nosotros. Te amo perrita. Mi primera mascota, la que me enseñó a adorar a los animales y respetarlos como hoy lo hago, tanto como si fueran seres humanos. Descansa en paz. Hasta el reencuentro.
lunes, 28 de mayo de 2018
martes, 17 de abril de 2018
Varieté reflexivo.
No, no sos un cubo rubik a ordenarse
por color, ni sos un montón de etiquetas apiladas. Tampoco sos el
cúmulo de palabras con el que te describís, eso que llamas "yo".
Todos tenemos fortalezas y debilidades,
descubrirlo no nos hace más ni menos que otras personas, sólo que a
veces nos sentimos tan identificados con ellas que no nos damos
cuenta de su cualidad edificante o limitante para nuestra paz
interior.
Y, otra vez, no, saber de ello, no
significa que tengas que hacerte fuerte en todos los aspectos, donde
más fácil solés flaquear, lo más rápido que puedas, y si no lo
lográs en ese tiempo récord que te auto-planteás como meta, pases
a sentirte en falta con la humanidad, y con vos mismo, y por ello te
autocastigues.
Venimos de centenares de años de
maltratarnos, auto-lascerarnos, de rezarle a deidades para que nos
expien, que nos limpien de todo cuanto nos hace conectar con la
contrariedad de habitar un cuerpo animal, con impulsos biológicos,
cicatrices afectivas de la niñez y el inconsciente colectivo, en una
sociedad regulada por esas abstracciones cambiantes, más aún así
bastante rígidas, entremezcladas, a las que denominamos "cultura". En pocas palabras, buscando ser menos humanos.
Venimos de cerrar los párpados y hacer
como si... Como si pudieramos tenerlo todo en claro. Como si
existieran las certezas, un plan exacto que nos brindara, dentro de
sus pasos, el tan aclamado sosiego.
Adoramos, desde los inicios de nuestro
órden social, falsos totems que nos llevan a desintegrarnos y a
veces hasta anularnos en pos de encajar. La rigidez de someterse ante
un amo sin preguntar si quiera si es nuestra decisión ser esclavos.
Inspirá, exhalá. Todo cuanto sucede
dentro tuyo está bien. No te juzgues más. Perdonate a vos mismo por
tratarte tan mal por lo que no controlás.
Hacete cargo de lo que sí.
Pero andá despacio, caminá a paso
firme, disfrutá ese andar. Que la meta no te corra. Que sea
placentero descubrirse voluble, permeable, o extraviado. Que no te
gane el apuro de generar esos cambios que buscás. Como todo proceso,
lleva un trecho.
Que tu voz interna te hable de la manera más dulce con la que sos capaz de tratar a un otro.
Que tu voz interna te hable de la manera más dulce con la que sos capaz de tratar a un otro.
En vos anida tu consciencia. Vos te vas
a acompañar por siempre. Hasta que los universos se fusionen y
volvamos al todo. Entonces, no hay nada que perder. Aceptate, así,
atravesado por un sinnúmero de cosas. Tan humano y tan espíritu.
Jugando a estar perdido a pesar de llevar todo el conocimiento dentro
de sí.
Valorarse y amarse, como una totalidad.
Valorarse y amarse, como una totalidad.
jueves, 12 de abril de 2018
El pianista de la estación Las Heras.
Tocaba el piano como agazapado, el
delgado torso inclinado sobre el instrumento, a punto de abrazarle.
Las manos compenetradas, la mirada en las teclas, y por momentos,
también, en el abismo del adentro.
Llevaba un sombrero muy similar a una
kipá sobre sus cabellos blancos, largos, lacios, desalineados, que
denotaban más de cinco decenas de años de vida humana, y evocaban,
tal vez, a algún que otro actor de largometraje reconocido.
Tenía puesta una camisa azul. El
cigarro en la boca, atrapado entre la palidez de sus labios resecos,
sin prender, le daba un toque de rudeza a su incipiente barba cana.
Un saco de cuero gris colgaba frente a él, sobre el pasamanos que
daba a la escalera que descendía hacia el subterráneo.
Parecía fundirse en la música que sus
dedos creaban.
Le ví por segunda vez, luego de la
clase, a la que me había conducido con aquel medio de transporte.
Transcurrida ya casi hora y media, desde que subiendo los peldaños
vi su figura, y me quité los auriculares para oír la melodía
clásica, profunda, y a su vez desmesurada, que supe apreciar más no
nombrar, me sorprendió aquel reencuentro.
Supe, sin dudar ni un instante, que
aquel sujeto desconocido había tocado durante todo aquel
tiempo, y la sola idea me robó una sonrisa. La pasión, y la
adoración... “¿Tendrá un piano en su hogar?” atiné a
preguntarme mientras le observaba por última vez.“¿Podrá sentir
el mismo placer y entrega que ahora, mientras toca, habita en su
interior, cada día?” fue el segundo de todos los interrogantes que
despertó su imagen en mi cabeza. Los porqués, los cómos y las
cuestiones sencillas también se agolparon dentro de ella luego.
Nada tuvo respuesta. Sencillamente no
hacía falta obtenerlas.
Hay seres cuya aparición. Incluso
minúscula, temporal, efímera, pueden causar variedad de incógnitas
en nuestra psique.
Y esa es su función dentro de nuestros
días, aún cuando ellos estén allí por otras razones.
lunes, 9 de abril de 2018
No esperes
No esperes.
No busques que "el momento preciso" se presente,
a que una señal externa te diga que sí, que debés,
a que el temor se disipe, que los monstruos desaparezcan,
a que la tempestad de tus emociones se aquiete.
No busques que "el momento preciso" se presente,
a que una señal externa te diga que sí, que debés,
a que el temor se disipe, que los monstruos desaparezcan,
a que la tempestad de tus emociones se aquiete.
No necesites que algo por fuera te motive,
que alguien te diga que tenés que hacerlo,
que el juego te cuente sus reglas, así, sin más,
y vos las recibas, para de una vez aplicarlas.
No creas que "algo" te conducirá a lo que deseas,
a que te enfrentes, a que te lances,
a que dejes de acallar a tu interior,
a esa diminuta vocecita que dice "vos podés".
No digas "mañana será el día",
y te cobijes en el paso del tiempo,
para abandonarte a un futuro inaccesible,
por la misma inmovilización en la que te quedas.
En resumidas cuentas,
No dejes tu destino al arbitrio de lo incontrolable,
de tu alborotada mente, y sus limitaciones.
Ella siempre hará que continues donde estás.
Porque así funciona,
los circuitos neuronales se conforman,
de manera tal que tu inconsciente te mueva y conduzca,
a donde has llegado hasta ahora.
Y nada más, nada más.
Siempre habrá una esfinge, que te cuente fábulas,
de seres rotos, de personas que intentaron y no pudieron,
de sueños sin cumplir, incluso y a pesar del intento.
Son todas mentiras.
Vos podés hacer y ser lo que te de la gana,
sos el creador de tu realidad. En tus manos está tu vida.
Solo debés ir hacia donde deseás estar.
Y no parar, jamás te detengas.
que mirar hacia atrás no te lleve a flaquear,
a volver a dormirte, a silenciarte, a detenerte.
Y así olvidarte de toda tu potencialidad.
El camino estará repleto de pruebas, sí.
muchas veces querrás abandonar,
y regresar al punto de partida,
estará en tí no permitir que los obstáculos te ganen.
Porque una vez que te tomes enserio,
a vos, a esta vida que te tocó vivir,
a tus sueños, tus metas, tu sitio, tu mapa,
te iniciarás en un viaje maravilloso, con vos por punto de llegada.
Te conocerás, te desocultarás,
aprenderás a reconocer tus propias trabas,
lo que creés que creés, más no sos, ni te sienta,
e irás acercándote hacia la plenitud.
¿Qué ser más pleno que aquel que se descubre?
Que aprende a transitar todos los aspectos de la vida,
sin detenerse, sin autocompadecerse,
que vive, de verdad, y no, tan solo, se dedica a existir.
Vos sabés bien, en el fondo de tu alma,
sobre todo el poder que tenés.
Sos indestructible, sos tu propio dios, ahora,
es el momento que lo asumas, y emprendas la travesía.
que alguien te diga que tenés que hacerlo,
que el juego te cuente sus reglas, así, sin más,
y vos las recibas, para de una vez aplicarlas.
No creas que "algo" te conducirá a lo que deseas,
a que te enfrentes, a que te lances,
a que dejes de acallar a tu interior,
a esa diminuta vocecita que dice "vos podés".
No digas "mañana será el día",
y te cobijes en el paso del tiempo,
para abandonarte a un futuro inaccesible,
por la misma inmovilización en la que te quedas.
En resumidas cuentas,
No dejes tu destino al arbitrio de lo incontrolable,
de tu alborotada mente, y sus limitaciones.
Ella siempre hará que continues donde estás.
Porque así funciona,
los circuitos neuronales se conforman,
de manera tal que tu inconsciente te mueva y conduzca,
a donde has llegado hasta ahora.
Y nada más, nada más.
Siempre habrá una esfinge, que te cuente fábulas,
de seres rotos, de personas que intentaron y no pudieron,
de sueños sin cumplir, incluso y a pesar del intento.
Son todas mentiras.
Vos podés hacer y ser lo que te de la gana,
sos el creador de tu realidad. En tus manos está tu vida.
Solo debés ir hacia donde deseás estar.
Y no parar, jamás te detengas.
que mirar hacia atrás no te lleve a flaquear,
a volver a dormirte, a silenciarte, a detenerte.
Y así olvidarte de toda tu potencialidad.
El camino estará repleto de pruebas, sí.
muchas veces querrás abandonar,
y regresar al punto de partida,
estará en tí no permitir que los obstáculos te ganen.
Porque una vez que te tomes enserio,
a vos, a esta vida que te tocó vivir,
a tus sueños, tus metas, tu sitio, tu mapa,
te iniciarás en un viaje maravilloso, con vos por punto de llegada.
Te conocerás, te desocultarás,
aprenderás a reconocer tus propias trabas,
lo que creés que creés, más no sos, ni te sienta,
e irás acercándote hacia la plenitud.
¿Qué ser más pleno que aquel que se descubre?
Que aprende a transitar todos los aspectos de la vida,
sin detenerse, sin autocompadecerse,
que vive, de verdad, y no, tan solo, se dedica a existir.
Vos sabés bien, en el fondo de tu alma,
sobre todo el poder que tenés.
Sos indestructible, sos tu propio dios, ahora,
es el momento que lo asumas, y emprendas la travesía.
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