martes, 17 de abril de 2018

Varieté reflexivo.



No, no sos un cubo rubik a ordenarse por color, ni sos un montón de etiquetas apiladas. Tampoco sos el cúmulo de palabras con el que te describís, eso que llamas "yo". 

Todos tenemos fortalezas y debilidades, descubrirlo no nos hace más ni menos que otras personas, sólo que a veces nos sentimos tan identificados con ellas que no nos damos cuenta de su cualidad edificante o limitante para nuestra paz interior.

Y, otra vez, no, saber de ello, no significa que tengas que hacerte fuerte en todos los aspectos, donde más fácil solés flaquear, lo más rápido que puedas, y si no lo lográs en ese tiempo récord que te auto-planteás como meta, pases a sentirte en falta con la humanidad, y con vos mismo, y por ello te autocastigues. 

Venimos de centenares de años de maltratarnos, auto-lascerarnos, de rezarle a deidades para que nos expien, que nos limpien de todo cuanto nos hace conectar con la contrariedad de habitar un cuerpo animal, con impulsos biológicos, cicatrices afectivas de la niñez y el inconsciente colectivo, en una sociedad regulada por esas abstracciones cambiantes, más aún así bastante rígidas, entremezcladas, a las que denominamos "cultura". En pocas palabras, buscando ser menos humanos.

Venimos de cerrar los párpados y hacer como si... Como si pudieramos tenerlo todo en claro. Como si existieran las certezas, un plan exacto que nos brindara, dentro de sus pasos, el tan aclamado sosiego.

Adoramos, desde los inicios de nuestro órden social, falsos totems que nos llevan a desintegrarnos y a veces hasta anularnos en pos de encajar. La rigidez de someterse ante un amo sin preguntar si quiera si es nuestra decisión ser esclavos.

Inspirá, exhalá. Todo cuanto sucede dentro tuyo está bien. No te juzgues más. Perdonate a vos mismo por tratarte tan mal por lo que no controlás.

Hacete cargo de lo que sí.

Pero andá despacio, caminá a paso firme, disfrutá ese andar. Que la meta no te corra. Que sea placentero descubrirse voluble, permeable, o extraviado. Que no te gane el apuro de generar esos cambios que buscás. Como todo proceso, lleva un trecho.

Que tu voz interna te hable de la manera más dulce con la que sos capaz de tratar a un otro.

En vos anida tu consciencia. Vos te vas a acompañar por siempre. Hasta que los universos se fusionen y volvamos al todo. Entonces, no hay nada que perder. Aceptate, así, atravesado por un sinnúmero de cosas. Tan humano y tan espíritu. Jugando a estar perdido a pesar de llevar todo el conocimiento dentro de sí.

Valorarse y amarse, como una totalidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario