Verle a los ojos era como despertar de
un sueño. Sus calmadas iris retrataban dentro de ellas el reflejo de
aquel yo del que había tomado posesión hacía tanto tiempo ya, y
solo al devolver aquella imagen, como lo que era, no así como lo
pensara, todo a mi alrededor comenzaba a desintegrarse, una vez más.
Me constituía a mi modo. Todas
edificaciones abstractas para rodear mi esencia. Cúmulos de
cuestiones efímeras que al unirse conformaban aquello que sentía me
representaba, cuando, en sí, no se trataba más que de mera
temporalidad.
Y él lo sabía.
Su habilidad intrínseca, regresarme a
aquella sapiencia profunda, sin tan siquiera buscarlo, tan solo con
brindarme su compañía.
“Si escapáramos a las máscaras ¿Qué
sucedería?...”
Su sonrisa, como una tibia caricia, era
la evocación de aquel principio eterno que nos colmaba, que éramos
y seríamos, sucediere en ese plano lo que sucediere.
Jugábamos, tan solo.
Éramos niños cuando reíamos y
dejábamos aquellos sonidos con significación lingüística
escaparan en nuestros hálitos.
De aquellos cuya trascendencia era tan
intensa como peculiar.
Una única conexión.
Descubiertos como especímenes de la
raza que llamábamos humana, solo en aquella circunstancia.
Nos reconocíamos como esencia.
Nombres... Formas de adecuar la memoria
a rostros... Imágenes, manifestación externa de lo minúsculo en lo
absoluto.
Relatividades que nos rodeaban, pero
incapaces de separarnos, parecían esfumarse aún aunque se
mantuvieren allí por designio del universo.
Imposible descripción de aquellos
instantes,
No eran instantes.
Era la perfecta coexistencia de lo fugaz con lo infinito.
Liberarse de los atavíos, esos a los
que confundimos con la realidad de nuestro ser, es aprender a vivir.
Transitar por esta vida es nutrirse,
día a día, experimentar, crecer, evolucionar.
Y dar cuenta, poco a poco, y sin
abatimiento, de que tanto tiempo ya llevamos en este camino... Que
el temor carece de fundamento alguno.
Y que sí ¡Estamos más cerca de
nuestro verdadero destino!
Y ¡En esta ocasión estamos tan
despiertos como para dar cuenta de ello!
¿No deberíamos sentirnos aliviados?
Tanta carga a nuestras espaldas...
Tanta negatividad infundada.
Borrá esa mueca de dolor, la expresión
de disgusto que llevás desde hace unas horas o unos momentos...
Sonreí.
Agradecé esta posibilidad única que
es, hoy, estar donde sea que estés.
Es maravilloso.
L u z.
Esa palabra nos define más que ninguna
otra.
In Lakesh.
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