miércoles, 13 de noviembre de 2013

Dicotomía.



Dicotomía.
Esa es la palabra exacta que expresa aquello en lo que me sumerjo de forma consciente.

Alzo la cabeza, y observo sobre el oleaje de vivencias y sentires que mese mi cuerpo.
La luna, brillante, me devuelve la mirada serena desde su posición, surcada por nubes que, de tanto en tanto, deciden albergarla y brindarle un pasajero escondite.
Le sonrío a la antigua compañera de las almas humanas… y decido cerrar los ojos.

Coloco las palmas sobre mi pecho, percibiendo los latidos de mi corazón, aquellos que permiten a mi ser continuar en esta existencia tan efímera.
Y trago saliva al dar cuenta de mi estado.
La vulnerabilidad de aquel ser que decide atestiguarse replegado en lo que su interior le dicta.
Y aceptarse así.

En dicotomía.

Entreabro mis párpados y se ha hecho de día.
El fulgor del sol encandila mis pupilas que se enceguecen en su brillo y se vuelven incapaces de comprender qué hay a mi alrededor.
Más aun así continúo el trayecto, confiando en el instinto que permite ver más allá de los ojos.
Vuelvo al ritmo, rutina, tiempo, espacio, movimiento.
Me olvido un poco de todo.

Aunque todo siga allí.

Dicotomía, es. Y será.

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