martes, 1 de marzo de 2016

A veces...



A veces creo necesitar una voz fresca, animada, jovial, que venga y me diga con aires de sabiduría pero humildad manifiesta en su tono, que todo está bien. Que afirme de forma pomposa y a su vez solemne que cuento con todo el tiempo del mundo y del universo también -por si fuera poco- para decidir qué caminos recorrer. Que el alma es eterna y el aprendizaje individual también, así que carece de sentido apurarse, y que disfrutar el trayecto le da sentido a las experiencias y las revaloriza. Que más allá de las voces externas o internas que a veces intentan crear en nuestras mentes la imagen de estar perdidos, en realidad no existe tal cosa como perderse, y que en cada día nos reencontramos y reinventamos en el vivir. Que no hay formas pre hechas o fórmulas mágicas y eso viste a la existencia de gran encanto. Que el andar va generando crecimiento en nosotros y que todo llega o se va en el momento que lo necesitamos. Y que la equivocación no es tal, sino un paso que se dio en falso, vibrando de una manera por dentro y otra afuera y por eso han coalicionado. Que no vivimos una ciencia, sino poesía. Vivir es oír sonetos, componer armonías, escribir versos y ataviarlos de metáforas. 

Que toda la negatividad es un invento, y que la verdad es puro alborozo y que soltar las cadenas que nos atan a los pensamientos mundanos es cuestión de meramente proponérselo.

A veces creo necesitar una voz… Y ella es la de mi conciencia.  No hay necesidad de buscar en el exterior lo que uno mismo puede proveerse. Y nadie más para guiarnos en la senda, que lo elevado que habita en nosotros.

 A veces...

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