martes, 18 de diciembre de 2012

Conversando con el filósofo interior.


-¿Qué es lo que buscás? -Inquirió él mientras le observaba desde su sitio, tan inmersa en la actividad que se encontraba realizando, su semblante cuasi imperturbable, como si en aquel hacer hubiera abandonado todo signo de vida exceptuando la inspiración y exhalación.
Ella alzó su mirar ante aquella intromisión en su lectura, en el universo que se hallare extendido donde las páginas que sus pupilas devoraban, buscando aquel ser que una vez más le arrebataba templanza para otorgarle la posibilidad de conocerse.
-¿Qué es lo que busco? -Repitió, casi con incredulidad, tras lo cual permitió que el silencio embargara aquella sala por unos instantes y le colmara de la verdad inherente a el- Yo no busco, hace tiempo ya que abandoné la idea de encontrar algo -Repuso entonces, tras lo cual sus níveas manos se encargaron de colocar el objeto de peltre que utilizaba cual separador entre las últimas páginas que había avistado para luego cerrar el libro y continuar con el habla-
Sé muy bien que todo ya está ahí, aunque no lo vea, todo está ahí, aún cuando no lo perciba de forma consciente. Uno no busca porque ya ha encontrado, quien busca cuando ya lo tiene todo no hace más que dar vueltas en círculos al rededor de lo que quiere hallar.
Yo no busco sino que despierto mi conciencia, la entreno para que ella, de a poco, vaya sintonizando con su verdadero potencial y así todo lo que ya sabía u intuía se haga presente, así borre esa ceguera que me impide vivenciar lo que de algún modo u otro ya he de saber. Nada más.
Y con entrenarla no me refiero a sumirla entre paradigmas y arrebatarle su libertad. Sino permitirle expresarse, explorarse, re inventarse, permitirle borrar todo signo de estructura limitante para así poder sentirse y expandir. 

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