-¿Qué es lo que buscás? -Inquirió
él mientras le observaba desde su sitio, tan inmersa en la actividad
que se encontraba realizando, su semblante cuasi imperturbable, como
si en aquel hacer hubiera abandonado todo signo de vida exceptuando
la inspiración y exhalación.
Ella alzó su mirar ante aquella
intromisión en su lectura, en el universo que se hallare extendido
donde las páginas que sus pupilas devoraban, buscando aquel ser que
una vez más le arrebataba templanza para otorgarle la posibilidad de
conocerse.
-¿Qué es lo que busco? -Repitió,
casi con incredulidad, tras lo cual permitió que el silencio
embargara aquella sala por unos instantes y le colmara de la verdad
inherente a el- Yo no busco, hace tiempo ya que abandoné la idea de
encontrar algo -Repuso entonces, tras lo cual sus níveas manos se
encargaron de colocar el objeto de peltre que utilizaba cual
separador entre las últimas páginas que había avistado para luego
cerrar el libro y continuar con el habla-
Sé muy bien que todo ya está ahí,
aunque no lo vea, todo está ahí, aún cuando no lo perciba de forma
consciente. Uno no busca porque ya ha encontrado, quien busca cuando
ya lo tiene todo no hace más que dar vueltas en círculos al rededor
de lo que quiere hallar.
Yo no busco sino que despierto mi
conciencia, la entreno para que ella, de a poco, vaya sintonizando
con su verdadero potencial y así todo lo que ya sabía u intuía se
haga presente, así borre esa ceguera que me impide vivenciar lo que
de algún modo u otro ya he de saber. Nada más.
Y con entrenarla no me refiero a
sumirla entre paradigmas y arrebatarle su libertad. Sino permitirle
expresarse, explorarse, re inventarse, permitirle borrar todo signo
de estructura limitante para así poder sentirse y expandir.
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